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June 27, 2016

A Force for Change in El Salvador (Una Fuerza para el Cambio en El Salvador)

I recently traveled to El Salvador to meet with activists working for full LGBT equality. Karla Avelar, Executive Director of COMCAVIS Trans, is one of them.

Karla Avelar greets me with a warm smile at the offices of COMCAVIS Trans, an organization in El Salvador's capital city. She is winded, as she's just arrived from an advocacy meeting in a different part of town.

The office is quiet, but stacks of newspapers used to track violence against LGBT people, informational pamphlets, and posters from a recent advocacy campaign evidence the flurry of activity that takes place behind these walls.

Karla apologizes for the absence of her colleagues. They are visiting San Salvador's prisons, providing support to jailed trans women and ensuring they know their rights.

Karla tells me of a recent brutal murder of a trans woman. She was tortured and raped, her face skinned by unknown assailants. There is also last year’s murder of Francela Mendez, a trans activist—still unsolved.

These cases add to the long list of unsolved murders of LGBT Salvadorans. Karla tells me there have been 600 since 1993. According to her, only one has been fully investigated and prosecuted. The victim in that case was a U.S. citizen and the embassy’s involvement helped move the judicial process forward.

Summing up the daily climate LGBT Salvadorans endure, Karla says, “In El Salvador, we don’t live, we survive.”

Despite the challenges, Karla is full of contagious energy. She gives me a tour of the office and tells me of the work of COMCAVIS Trans. They provide safe spaces for Salvadoran trans people, advocate at the national and international level, and visit trans women in jail to educate them on their rights. They also document killings and acts of violence against LGBT people.

"You want to make me cry," Karla says when I ask why she founded COMCAVIS Trans in 2008. She tells me of her difficult childhood. Rejection by her family forced her into sex work. She was shot and nearly killed on two separate occasions and she was sentenced to jail for five years.

On her first day in prison, over a hundred men raped her. Throughout her time in prison, she was constantly raped and abused, with the participation or complicity of some prison personnel. She left the prison mentally exhausted and with serious health issues—including HIV—exacerbated by lack of treatment. But she decided to speak out and has become a powerful advocate for El Salvador’s LGBT community.

I returned from El Salvador to the horrific news of the shooting at an LGBT nightclub in Orlando. As I reflect on the immense challenges facing the LGBT community at home and around the world, I’ve found comfort in remembering the power of Karla and her colleagues, tireless catalysts of positive change in their communities and examples of the strength of the global movement for full LGBT equality.

Una Fuerza para el Cambio en El Salvador

Por Mariel Pérez Santiago

Recientemente, viajé a El Salvador para reunirme con activistas que trabajan por la igualdad de las personas LGBT. Karla Avelar, Directora Ejecutiva de COMCAVIS Trans, es una de estas activistas.

Karla Avelar me saluda con una sonrisa cálida en las oficinas de COMCAVIS Trans, una organización en la capital de El Salvador. Ella está sin aliento, pues acaba de llegar de una reunión de incidencia en otra parte de la ciudad.

La oficina está serena, pero una gran cantidad de periódicos utilizados para monitorear la violencia contra las personas LGBT, folletos informativos, y carteles de una reciente campaña de incidencia son evidencia de la cantidad de actividad que se lleva a cabo detrás de estas paredes.

Karla se disculpa por la ausencia de sus colegas. Ellas están visitando las cárceles de San Salvador, proporcionando apoyo a las mujeres trans encarceladas y asegurándose de que ellas sepan sus derechos.

Karla me habla de un brutal asesinato de una mujer trans. Ella fue torturada y violada, y la piel de su rostro arrancada por unos desconocidos. Karla también cita el asesinato de la activista trans Francela Méndez el año pasado—que aún queda sin resolver.

Estos casos se suman a la larga lista de asesinatos irresueltos de personas LGBT salvadoreñas. Karla me dice que van 600 casos desde el 1993. Según ella, sólo uno ha sido plenamente investigado y judicializado. La víctima en este caso era un ciudadano de Estados Unidos y la participación de la embajada ayudó a adelantar el proceso judicial.

Resumiendo el ambiente diario que enfrentan las personas LGBT salvadoreñas, Karla dice: "En El Salvador no vivimos, sobrevivimos."

A pesar de los desafíos, Karla emite una energía contagiosa. Ella me da un recorrido por la oficina y me cuenta más sobre la labor de COMCAVIS Trans. La organización proporciona espacios seguros para las personas trans salvadoreñas, lleva a cabo actividades de incidencia a nivel nacional e internacional, y su equipo visita a las mujeres trans en la cárcel para educarlas sobre sus derechos. También documentan asesinatos y actos de violencia contra las personas LGBT.

"Quieres hacerme llorar," dice Karla cuando le pregunto por qué decidió fundar COMCAVIS Trans en el 2008. Me cuenta de las dificultades de su infancia. El rechazo de su familia la obligó al trabajo sexual. Ella fue víctima de dos atentados contra su vida y fue condenada a prisión por cinco años.

En su primer día en la prisión, más de un centenar de hombres la violaron. A lo largo de su tiempo en la cárcel, ella fue constantemente violada y abusada, con la participación o complicidad de algunos empleados de la prisión. Ella salió de la cárcel mentalmente exhausta y con graves problemas de salud—incluyendo VIH—problemas que fueron agravados por falta de tratamiento. Pero ella se ha convertido en una poderosa defensora de la comunidad LGBT de El Salvador.

Regresé de El Salvador ante las terribles noticias del tiroteo en una discoteca LGBT en Orlando. Al pensar en los graves desafíos que enfrenta la comunidad LGBT en mi país y en todo el mundo, he encontrado consuelo al recordar la fuerza y ​​el poder de Karla y sus colegas, luchadoras incansables para el cambio positivo en sus comunidades y ejemplos de la potencia del movimiento global por la igualdad LGBT.